Hace días que aparecen pulseras que prometen mejorar el equilibrio, barritas que prometen perder peso sin más paliativos que comer un cacho cereales o cruces con un tipo encastrado que prometen llevarnos al mundo perfecto. Son productos que funcionan mediante la psicología humana: la del creer antes que el hacer, la del milagro o la de la santa condena por la liberación inexistente.
Como el mundo esta falto de originalidad, porqué todo ya está inventado, hay gente que recurre a los clásicos de la manipulación consciente humano. Qué si esquemas ponzi, que si religiones, que si sugestión. Lo peor de todo es que si eres crítico (que no contrario, que todos somos humanos y tenemos debilidades) pasas a ser un amargado, un indseable o incluso, ves tu mi preocupación, un amargado.
Ni niveles de estudios ni económicos evitan que uno sea manipulable. Total como nos manipulan desde que nacemos, como narices vamos a escapar de ello.
Y de las pulseras mágicas de los cojones quiero hablar.
Un puto holograma no puede ayudar a una persona a equilibrarse. Dile eso a las personas que necesitan llevar corsés ortopédicos por malformaciones dorsales, si se pudieran liberar de ese yugo llevando una pulsera, ¿crees que irían con un armatoste que apenas les deja respirar?
La manera de andar tiene que ver mucho con el estrés y la moral de la persona. Si le dices que con una pulsera mágica caminará mejor, a ese potencial cebo, le estas vendiendo un placebo como una catedral. La de Santiago de Compostela, mínimo.
Ya puestos en el arte de la cancamusa, propongo un tracto más vejatorio a los creyentes del santisimo milagro, que con unos supositorios mágicos no sólo tendrás mejor equilibrio sino que además mejor feeling y estarás preparado para mejores relaciones sociales (nunca se sabe cuanto hay que dilatar el culo).
Cree en aquello que sepas hacer, cree en aquello que te gusta y deja los milagros para los cuentos de hadas. Una pulsera no solucionará tu vida, sólo te hará perder 30 euros que podrías haber gastado en pasarte un hermoso día en el campo.
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