La historia del formato Flash es larga, casi tanto como la de llamar al ordenador centro multimedia. Siendo fieles a la historia antes se llamaba a un ordenador multimedia cuando tenia una fulminante tarjeta de sonido que podía reproducir audio digitalizado PCM y una gráfica capaz de enseñar colores a 16 bits. Vamos, lo suficiente para mostarar un avi “comprimido” en indeo.
La llamada era multimedia, supongo que por alguien más que yo, es esa en que los videojuegos tenían mil floripondios, sonidos, videos, animaciones y las características que solicitaban para nuestro ordenador eran tan estándares que sólo con tener windows ya bastaba para ejecutarlas.
Por aquél entonces una empresa Califroniana llamada Macromedia fue bastante visionaria y empezó a desarrollar productos que hiciesen el trabajo multimedia sencillo, anteponiendo una capa de abstracción en la que fuese más el diseñador el que estuviese en frente del equipo que un programador buscando como programar codecs de vídeo y de sonido.
Su programa Macromedia Director permitía desarrollar productos multimedia sin que el programador se despeinara, click allí, linea de código lingo por allá. ¿Llamar a rutinas de vídeo? aquí llega lo estrafalario y tal vez curioso de la historia.
Si señores, los programas hechos con Macromedia usaban como sistema de vídeo el que ofrecía Apple. Ni más ni menos que QuickTime. Los que hayan vivido esa época recordarán como cada juego del dúo Macromedia+Quicktime terminaba en la obligación de instalar la versión de turno del producto de Apple. No bastaba con tener la última versión, sólo que no coincidiese el release, te obligaba a instalar el programa.
Director fue la inspiración de flash, por lo cual no deja de ser curioso que Apple le haga la vida imposible a Adobe, cuando en el pasado vivían en simbiosis.
